Los puertos de Cantabria

Durante la Edad Media y la Edad Moderna algunos puertos de Cantabria disfrutaban de ciertos privilegios; uno de los más importantes establecía que toda la pesca y mercancías que se necesitasen en el espacio comprendido a dos leguas al Este y al Oeste del puerto que tuviera el privilegio, debían desembarcarse en dicho puerto, pagando allí los impestos correspondientes (de carga, descarga y venta de las mercancías). De esta forma se pretendía privilegiar unos puertos en concreto logrando que al aumentar el comercio en ellos, aumentase también su población. Lógicamente esto suponía un grave perjuicio para los demás puertos dentro de ese espacio de cuatro leguas de costa.

Dice Mateo Escagedo Salmón en su Crónica de la Provincia de Santander (1919) que San Vicente de la Barquera tenía dicho privilegio, lo mismo que Santander. Pero no siempre los puertos comprendidos dentro de las cuatro leguas se resignaban a su suerte. Así, Escagedo Salmón recoge un pleito planteado por el alcalde de Santander, Nicolás de Polanco, contra las Juntas de Cudeyo y Ribamontán, quienes al verse perjudicadas por los derechos santanderinos, armaron una pinaza que partía desde los puertos de Cubas, Galizano y Tijero para pescar mar adentro.

Ya en 1559 el pleito llegó a la Chancillería de Valladolid, durando en total cerca de veinte años. Las Juntas declaraban que al estar su territorio cercado por la mar y por rías en ocho leguas, y por la parte de tierra rodeado de altas montañas cubiertas de nieve la mayor parte del año, y con mal camino, no pueden sino traer las mercancías y alimentos necesarios para su subsistencia más que por sus puertos, algo a lo que se oponía Santander alegando su privilegio. Además, el aumento de los precios causados por los excesivos impuestos a pagar en el puerto santanderino y las embarcaciones perdidas ante las naves de guerra francesas (con las tan necesarias mercancías y alimentos) habían provocado una hambruna en las Juntas que forzaba a los vecinos a marcharse a otros territorios; esta despoblación, argumentaban los de Cudeyo y Ribamontán, impedían hacer una defensa efectiva de la costa de Trasmiera ante los franceses, quienes podrían invadir el territorio.

Las autoridades santanderinas recordaron a la Chancillería un pleito anterior de Santander contra los concejos de Cudón, Polanco, Cortiguera, Hinojedo y Santillana, quienes usaban el puerto de San Martín de la Arena (Suances) para embarcar y desembarcar sus mercancías sin pagar los impuestos de Santander. La Chancillería de Valladolid dictó sentencia en 1561 por la que prohibía la carga y descarga de mercancías, así como la pesca, en los puertos de las Juntas de Cudeyo y Ribamontán, a excepción de lo estrictamente necesario para la supervivencia de los vecinos. El resto debía de ir a Santander. Dicha sentencia fue recurrida por ambas partes, que se sentían vulneradas.

Una nueva sentencia en 1567 confirmaba la anterior, con la novedad de que todo lo que pasara por los puertos de Cudeyo y Ribamontán debía ser debidamente registrado en la aduana de Santander.

Después de esta segunda sentencia hubo un incidente que provocó un nuevo pleito. Una pinaza de Cudeyo y Ribamontán salió a pescar, siendo interceptada a la vuelta por las autoridades santanderinas, que después de comprobar la pesca encarcelaron a los de Trasmiera, salvo al abad del valle que también estaba en la embarcación. La pesca se vendió en Santander y los encarcelados tuvieron que pagar una fianza para salir libres. Como consecuencia los trasmeranos presentaron un pleito a Santander, alegando que la pesca no entraba dentro de la sentencia de 1567, siendo además necesaria para la subsistencia de los vecinos. En una primera sentencia, en 1569, la Chancillería vallisoletana declara que las Juntas no tienen razón, pero tras un nuevo recurso, a finales del mismo año, se absuelve a los trasmeranos por el incidente de la pesca y se les concede el derecho de poder ir a pescar a alta mar. La sentencia definitiva se a en 1570, confirmando la anterior favorable a las Juntas de Cudeyo y Ribamontán: a partir de entonces podían pescar en las tres leguas de costa de las Juntas en la bahía de Santander, además de poder hacerlo en alta mar; también podían cargar y descargar en sus puertos de Galizano, Cubas y Tijero las mercancías necesarias para su sustento, pero registrándolas en la aduana santanderina.

Casi veinte años desde que empezó el pleito, y once años después de que llegara a la Chancillería de Valladolid, salía la sentencia definitiva.

¡Hasta la regolvía!

Anuncios

Acerca de El Pasiego

Sólo un cántabro preocupado por su tierra...
Esta entrada fue publicada en Historia. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s