La central que no fue

La relación de Cantabria con la energía nuclear se limita a las empresas ENSA (Equipos Nucleares S. A.), en Maliaño, y su filial ENWESA Operaciones S. A., en Heras. Y a la presencia a menos de 50 kilómetros de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos).

Pero esto pudo haber cambiado hace 34 años si los planes de Electra de Viesgo (hoy ENEL) se hubieran llevado a cabo. Y es que a mediados-finales de los años 70 la eléctrica cántabra propuso la creación de una central nuclear en el Occidente de Cantabria, junto a la ensenada de Fuentes, en Santillán (San Vicente de la Barquera).

El proyecto de la central nuclear de Santillán llegó a ser tan real que a algunos trabajadores cántabros y asturianos de la central nuclear de Garoña se les prometió el traslado en cuanto entrase la nueva central en funcionamiento. Algunos llegaron incluso a comprar casa en la villa barquereña. Varios empresarios del sector servicios de Unquera y Ribadedeva veían con buenos ojos el proyecto, y se empezaron a buscar terrenos a ambas orillas del Deva para construir las casas de los empleados de la central (La Nueva España, 9 de Febrero de 2010).

Vista de la ensenada, con parte del área destinado a la central de  Santillán en rojo.

Vista de la ensenada, con parte del área destinado a la central de Santillán en rojo (Fuente: Wikimedia Commons - autor: Rodelar).

Electra de Viesgo también empezó a comprar terrenos en la zona donde se pensaba instalar la central (más de 70 hectáreas), e incluso llegó a empezar a trabajar en el terreno, realizando sondeos que a día de hoy aún son visibles, con una inmensa zanja en forma de herradura junto a la playa (La Nueva España, 6 de Febrero de 2010). Así pues, todo parecía estar listo para la central de Santillán. ¿Entonces, qué falló?

Lo que ocurrió fue, entre otras cosas, que empezó a crecer la oposición popular. La gente estaba en contra de la central. Electra de Viesgo tuvo que comenzar una campaña para vender el proyecto, incluyendo visitas a Santa María de Garoña para convencer a la población y autoridades del Occidente de Cantabria y del Oriente de Asturias de las bondades de lo nuclear. Pero ni por esas. Como recogió El País el 16 de Abril de 1977, la oposición crecía, y once alcaldes de la comarca (Cabezón de la Sal, Comillas, Lamasón, Llanes, Ribadedeva, Rionansa, Ruiloba, San Vicente de la Barquera, Udías, Val de San Vicente y Valdáliga) se unieron para rechazar la central y pedir información oficial al ministro de Industria de la época.

Poco a poco el proyecto se fue aparcando (aún en 1983 se discutió en la Asamblea de Cantabria), y finalmente se cerró por completo con la moratoria nuclear establecida por el gobierno socialista en 1984.

Esta es la historia de la central nuclear de Santillán, la central que no fue.

¡Hasta la regolvía!

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Sólo un cántabro preocupado por su tierra...
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